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martes, mayo 18, 2021

Las caricaturas de Charlie Hebdo: entre la libertad de expresión y herir la sensibilidad

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Charlie Hebdo es una revista francesa que realiza viñetas satíricas de religión, política y conflictos sociales que, a lo largo de los años, ha conseguido la indignación de los fieles de las tres religiones más famosas del mundo. Esta revista alcanzó su mayor publicidad a nivel mundial debido a la polémica que generó la publicación de las caricaturas al profeta Muhammad. Con esta breve introducción escribo este artículo donde voy a intentar de manera objetiva abordar este tema presentando dos puntos de vista y tratando de crear un espacio común de diálogo y entendimiento.

Uno de los valores más importantes de Occidente es la libertad de expresión. La libertad de expresión es uno de los cimientos sobre los que se construyó la actual civilización europea y su pérdida podría significar la caída de la propia civilización europea.
En Europa el valor de la libertad de expresión ha logrado rebasar muchas salvedades que no han sido superadas en otros países del mundo. Entre estas salvedades se encuentra las santidades religiosas incluyendo las de los propios países europeos. Entiendo que Lo relacionado con las santidades siguen provocando el enojo entre los creyentes europeos, pero este enojo se ha mantenido dentro de los límites de lo que significa concepto de libertad de expresión, que se ha convertido en lo que parece más sagrado que esas santidades.

Actualmente las sociedades occidentales se describen como liberales, pero en un pasado no muy lejano vivieron épocas de opresión y muchos de sus ciudadanos tienen miedo del espectro de esas épocas en su tiempo presente.

El solo hecho de conocer lo que ha sufrido Europa en su historia, para separar la religión del Estado, puede ayudarnos a comprender la sensibilidad que muchos sienten al hablar de mencionar cualquier autoridad religiosa. Estos sentimientos son indudablemente explotados por algunos de los políticos que incendian las situaciones, ya sea para lograr algunos de sus objetivos o para cubrir algunos de sus fracasos.

Por otro lado, y en un panorama completamente diferente aparece el Oriente conservador. Un Oriente que se considera la cuna de los mensajes proféticos y el lugar de revelación de los libros sagrados. En Oriente las religiones son consideradas parte integrante de su historia y, a veces, una importante fuente de orgullo tanto para los individuos como para las propias naciones. En Oriente, podemos decir sin exagerar que los profetas aún viven y caminan entre la gente, ciertamente porque la vida de un individuo está ligada a la vida de sus palabras. Muchos musulmanes cantan palabras de la Biblia en su vida diaria sin conocer la fuente de esas palabras. Y lo mismo sucede con los cristianos orientales que cantan palabras del Corán. En Oriente, el profeta Muhammad es a menudo la más preciada de sus posesiones, quizás superando a su hogar como padre y madre para algunos. El Profeta Muhammad no murió con ellos como creen los occidentales, sino que sigue vivo a través de sus palabras.

En el Oriente, no muchos conocen el significado de la libertad de expresión como en Europa, y esto se puede entender si sabemos que muchos países del Oriente aún no han alcanzado la democracia. Hay que saber también, que la mayoría de los periódicos están bajo el influjo de los regímenes gobernantes y esto hace que los orientales crean que pasa lo mismo en Europa. Por lo tanto, lo que puede suceder es que un ataque a las santidades de una religión algunos musulmanes pueden llegar a pensar que viene como parte de una guerra sistemática, organizada por los gobiernos, contra los partidarios de esa religión. Y a esto hay que añadir, como en Occidente también lo están haciendo algunos políticos para explotar estos sentimientos de forma intencionada o no.

En tiempos de crisis, estos políticos muchas veces despliegan ideas racistas para encubrir los problemas de la sociedad. Como lo que antiguamente ocurrió en el caso de Hitler que apareció en Alemania después de una crisis económica muy fuerte adoptando un discurso que demonizó a un grupo de personas específicas, algo similar sucede cuando el terrorismo se adhiere al islam convirtiéndolo en un sinónimo.

En cuanto a los actos terroristas que se relacionan con este tema opino que a una persona terrorista que esté dispuesta a matar no le faltará una excusa para hacerlo, por lo que ninguna persona sana podrá pensar en matar bajo ningún pretexto independientemente de su religión, no hay justificación para matar. No hay palabras más bonitas para explicar lo que acabo de decir que lo que se menciona en el Corán: “Que quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad. “Y como se menciona en la Biblia Mateos 5:21″ Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.”

Cuando nos ocupamos de la cuestión de los límites de la libertad de expresión en Occidente, también puede resultarnos evidente que esta libertad no es completamente absoluta. Hay algunas leyes que están restringidas por la protección de ciertos valores o la observancia de circunstancias históricas, por ejemplo, en lo que respecta a leyes antisemitas o las relacionadas con quemar la bandera en España o injurias a la corona.

Aparte de la autocensura que practican los periodistas al hablar de temas delicados o de los que tienen que ver con los valores modernos de la sociedad, como cuestiones relacionadas con los derechos de la mujer o la homosexualidad. Por esto y en base a la humanidad que nos une a todos espero que haya una ley o protocolo que trabaje en no herir los sentimientos religiosos de los musulmanes y evitar las provocaciones, y que la crítica se limite a las personas y sus comportamientos.

Por otro lado, les pido a los musulmanes que sigan al profeta Muhammad, que siempre estuvo dispuesto a actuar con inteligencia y tolerancia después de haber soportado muchos desagravios especialmente durante los primeros años de la predicación en La Meca.

Así, y después de plantear dos puntos de vista desde dos mundos distintos, me parece que el problema radica en el desconocimiento de ambos y en la ausencia de diálogo que permite que corrientes extremistas aquí y allá exploten la situación para lograr metas, que no veo, que sirvan a los intereses de los pueblos. Dialogo que siempre hemos reclamado que sea real y constructivo entre los pueblos, los cuales en su gran mayoría quieren vivir en paz a la sombra de un mundo más comprensivo.

 

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